domingo, 12 de septiembre de 2010

El Maestro



¡Dios lo ampare si usted se llega a perder en Alemania, Hialeah o en New York!, lo menos que le puede pasar es que lo dejen hablando solo y lo máximo,es que lo denuncien por acoso. Bueno, he exagerado un poco, pero por ahí van los tiros...poco más o menos. En estos paises hermosos, avanzados, civilizados, ordenados pero gélidos ...le dirían: ¡"Para eso inventaron los GPS o cómprese su mapa"!. No me lo contaron, me pasó...y a cada rato,recojo anécdotas similares de otros ingenuos ,a quienes se les ocurrió preguntar: ¿"Por aquí se va pa´Roma"? y llegaron a Madagascar...siguiendo las recomendaciones.

Cuando era niña y papá nos llevó a conocer la Iglesia de la Virgen del Valle, nos perdimos en el pueblo de Porlamar que, para aquel entonces, contaba tan solo con cuatro calles y el edificio mas ostentoso era el recién inaugurado hotel Bella Vista. Papa tenía un Gps natural poco preciso y por ende siempre había que salir temprano para llegar siempre tarde. Nuestra camioneta "Belvedere" -aunque tenía aire acondicionado- no aguantaba con tanto calor y apenas si llegaba el frio hasta la parte posterior (sede del campamento Garcia en viajes largos). En pocas palabras, estábamos perdidos y con calor.

"¿Por qué no nos quedamos mejor en la playa?", para mis hermanos era obvio que las vacaciones se pasaban mejor comiendo arena y remontando olas "centimetreras". Pero papá se empeñó, como siempre ha hecho todo en su vida, en conocer todo lo que fuese menester conocer cada vez que "uno visita un sitio". Todo este prolegómeno es para denotar el estado de "insatisfacción" de los viajeros ante tanto calor, perdidos en un pueblo y dejando la playa para ir a visitar "una simple iglesia".

Papá, a quién nunca "se le murió el muchacho en la barriga", desesperado ante la falta de señalización y aquellos muchachos malcriados llorando por volver a la playa...no se amilanó. A lo lejos, barriendo una calle con una escobita de 4 pelos, divisó a un viejito trajeado al mejor estílo margariteño: pantalón "arremangao" , sombrero de paja y rostro cuarteado. Mi viejo bajó el vidrio (manual por supuesto...que creen..) y con su característica educación le preguntó:

"!Maestro¡"...

y prosiguió....¿"Buenos días, hágame el favor de decirme cómo llego a la Iglesia del Valle"?.

¿Maestro?, me quedó la palabra entre pecho y espalda: "¿Cómo sabes que ese señor es maestro?", le pregunté a papá. "¿No ves que está barriendo la calle?", le aclaré , haciéndole notar su desatino. Papá se volteó, me miró y con eso me lo dijo todo, así que callé.


Para nuestra sorpresa, el viejito se quitó el sombrero, se secó el sudor con la manga de la camisa, se acercó hasta la ventanilla del carro y con la parsimonia propia de la gente de un pueblo maravilloso, le respondió a papá: " ¡Uuuuyyy eso si está lejos!" y sonrió dejando ver su chimó.


"Mire, yo no soy bueno pa´índicá direcciones, si quiere me sigue y yo lo llevo ", nos dijo el "maestro"

Papá lo invitó a subir a la camioneta y el "maestro" se negó : "¡No mijo! ¡Yo nunca me he montao en un bicho de esos!", -y señaló nuestra gloriosa Belvedere celeste- "Yo voy a pie y usté me sigue" .Con esta frase dio por concluida la negociación y comenzó a caminar delante de nosotros. Incrédulos, observando al maestro margariteño, lo seguimos en nuestra "belvedere celeste" a cinco por hora.


En la tercera cuadra, luego de un lento andar, a papá se le metió el gusanillo, de la duda así que adelantó la marcha y se colocó a la par del viejito: "! Maestro...¡" -volvió mi padre a mencionar el oficio y yo seguía sin entender- "Sólo dígame... ¿cómo llego?" y el maestro - sin dejar de caminar bajo aquel sol inclemente, le volvió a responder: "Mire mijo, ya le dije que yo no sé explicar las direcciones, pero si me sigue yo lo dejo en la puerta de la iglesia".

Parece un chiste pero no lo es. Es el reflejo de cómo éramos los venezolanos hasta para dar una dirección, capaces de caminar desde Porlamar hasta la Iglesia de la Virgen del Valle, con tal de cumplir y hacer sentir bien a los forasteros. En ese momento no entendí muy bien por qué papá lo había llamado "Maestro". Hoy si.


Maestro: En los tiempos de mi padre, era un honor ser maestro, el oficio más sublime de una sociedad y, ser llamado así o llamar así a alguién, significaba demostrar el mayor de los respetos...aunque tuviera una escoba en la mano.


































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